Te escribo cartas que nunca te envío. Y luego las quemo. Así el fuego se lleva el dolor que puse entre las líneas y tal vez, solo tal vez, queme un poco menos.
Miro como el papel se deshace y como el viento se lleva los trozos de algo que una vez fue mi alma. Así puedo regenerarla de nuevo, esperando que ese mismo viento te lleve todo lo que deseé decirte y no te dije por miedo a equivocarme.
Pero en lo único que me equivoqué fue en
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